«El viento que tanto disfruta, recorriendo a sus anchas nuestros paisajes, plácidamente, transportando vilanos y perfumando con el olor a tierra mojada o el aroma del mosto nuestras calles, (a veces esos olores no son tan agradables, pero no es su culpa) gusta de demostrar su fortaleza  y nos ofrece esas tolvaneras que levantan cualquier cosa que se le pone por delante: alguna distraída mula, tejados, arrastrando salicones por los caminos, que gira como bailándose un alocado vals con la tierra de los barbechos con acompañamiento de cardenchas y levantando enormes olas en las tranquilas lagunas de nuestro pueblo. Ese viento dominado y bautizado por nuestros antiguos molineros, que le ofrecían una pequeña ventana por cada nuevo nombre en lo alto de sus molinos,  convertidos años mas tarde por algún brujo medieval en gigantes, demostró que también servía para ser amigo del hombre…  y alguien quiso que nos enseñara sus caminos y se inventaron esos bellos e imaginativos artilugios que llamamos veletas, que de ninguna manera están tan locas como a veces nos gusta definirlas,  mas bien son sumisas y obedientes a los mandatos del dios Eolo -por llamarlo de alguna manera que tanto gustaba a los poetas clásicos.-

Pensando en estas cosas, siempre he tenido el deseo de diseñar alguna veleta que tuviese un significado artístico y se correspondiera con las tendencias que mantengo en mi pintura: la simbiosis entre línea y color, y además se convirtieran en objetos de proporción poco habitual.
Naturalmente su ubicación debía ser distinta y las primeras maquetas que hice “Morgana” y “El viento encerrado en una estrella” datan de 1999.
A partir de estas maquetas hice numerosos dibujos y empezó a surgir la idea de hacer una colección de veletas gigantes inspirada en  capítulos del Quijote y así poder ofrecer este trabajo como homenaje a la ciudad de Alcázar de San Juan,  a D. Miguel de Cervantes creando un parque temático con el nombre de “El viento de Don Quijote”.»

 

Isidro Parra Molina